Amigables
El contacto personal entre los argentinos es cosa de todos los días. Caminar del brazo es una tradición entre viejos amigos y familia casi tan antigua como nuestros ancestros. Abrazarse y saludarse con un beso en la mejilla (incluso entre hombres) son hábitos cariñosos que nos definen con la personalidad extrovertida que tenemos. Podríamos atribuir nuestro toque chispeante, enérgico y amigable a la increíble diversidad de culturas que conviven en Argentina. Tenemos una mente abierta para los ideales y un corazón enorme con lugar de sobra para cualquiera que quiera sumarse a nuestra mesa a charlar y divertirse. Y si necesitás ayuda, no seas tímido: ¡cualquier argentino estará feliz de orientarte! Así somos: nos encanta sentirnos como en casa y que los demás sientan lo mismo cuando vienen a Argentina.
Somos tan charlatanes que hasta podríamos apostarte que en una clase rápida de 20 minutos con un argentino te convertís en experto en dulce de leche, alfajores y asados. Pero si querés hablar de fútbol, eso puede llevar un poco más… porque seguro te llevaríamos a conocer el estadio de nuestro equipo favorito para que sientas nuestra pasión en primera persona. Somos fanáticos de los sentimientos fuertes: somos intensos, amamos profundamente, nos reímos sin vergüenza pero siempre juntos. No tenemos miedo de hacer el ridículo de vez en cuando si eso le saca una sonrisa a los demás. La esencia de la cercanía está dentro nuestro: disfrutamos tomarnos de la mano como lo hace una pareja de tango cuando empieza a bailar bien pegada; acariciamos a las personas especiales como si no fuéramos a verlas nunca más.